De manera muy simplificada, se podría definir SOA (Arquitectura Orienta a Servicios), como una colección de servicios capaces de comunicarse entre ellos, incluyendo desde una simple transferencia de datos, hasta la coordinación de actividades entre dos o más procesos.
Un modo quizás más preciso y completo de definirlo, sería asociarlo a una arquitectura de proceso distribuida, con funciones escasamente acopladas, independientes, y que hacen referencia a servicios autónomos, con interfaces perfectamente definidas que pueden invocarse mediante sentencias específicas que darán soporte a los distintos procesos de negocio de la empresa.